La psicóloga Martha Alicia Chávez, comenta en su exitoso libro “Tu Hijo, Tu Espejo” que existe una parte oculta en la relación que hay entre padres e hijos, pues inconscientemente los padres buscamos realizar en ellos anhelos ocultos, resolver expectativas de vida o frustraciones pasadas, y es justo por ello que a veces perdemos la paciencia con alguno, nos desesperamos, queremos a toda costa que cambien y lo que de estas acciones deriva aleja a la familia en vez de unirla.

Todas las personas deseamos tener unas relaciones familiares fuertes, ya que la familia es el tejido en dónde se sostiene la sociedad.

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¿Quién como padre o madre no quiere ver a sus hijos realizados y felices? La respuesta es obvia. Para lograrlo es necesario que durante su desarrollo logremos que tengan seguridad de sí mismos.

El trato que les demos es fundamental, frecuentemente los padres cometemos el error de increpar por todo a nuestros hijos y con esta actitud solo les estamos enviando un mensaje negativo, reñir con ellos constantemente da al traste con su autoestima pues les hace sentirse poco amados.

Por el contrario, si cambiamos la estrategia y logramos que en casa se refleje la alegría de disfrutar de la mutua compañía y cuando necesitemos reprenderles atendamos a la acción que deba ser corregida y no tanto a la persona que la comete, lograremos no dañarles el amor propio y que continuen sintiendo el amor de los padres, la seguridad de los hijos está directamente relacionada con el sentirse amados, con el obtener reconocimiento de los padres, caricias y tiempo.

Nuestros hijos a menudo se ven reflejados en nosotros sus padres, diría la autora antes citada “somos su espejo”.

Ellos aprenderán a ser felices en la medida que nosotros les enseñemos el camino para serlo, conocerán el mundo que les rodea a través de nuestros ojos, de nuestras valoraciones, de nuestros juicios y prejuicios.

Sabemos lo difícil que resulta educar, de allí la importancia de conocernos bien pues como papás requerimos mantener una actitud positiva y constante al hablar, motivar y corregir y para ello debemos cuidar cuatro factores: la aceptación, el cariño, la corrección y la valoración.

Hay algunos tips para ayudarnos a mejorar las relaciones familiares: debemos aceptar que cada hijo es diferente, único e irrepetible; así nuestra tarea se centrará en ayudarles a potenciar sus cualidades y con toda paciencia tratar de corregir los defectos.

El cariño desinteresado de los padres obra milagros en los hijos, es importantísimo darles muestras de afecto verbales y no verbales, ellos leen fácilmente todos nuestros actos, frases amables, miradas amorosas, besos y caricias que les demuestran cuanto les queremos.

Corregirlos es necesario, para ello estamos, no somos precisamente sus amigos, esta labor ineludible de educar nos corresponde a los padres y como tales no podemos dejar de lado el deber de exigirles para sacar de ellos lo mejor; esto no quiere decir que los humillemos cuando se trate de reprender, hay que tener la delicadeza de no hacerlo en público y evitar las descalificaciones.

Por último, la valoración o el elogio es lo que motiva más a nuestros hijos, una frase que les demuestre lo orgullosos que estamos de ellos logrará que cualquier actitud se fortalezca teniendo presente el ser objetivos para no caer en falsas expectativas o actitudes soberbias.

En nuestras manos está modelar la imagen que queremos reflejar en nuestros hijos.

Por: Ivette Laviada