¿Somos rehenes de la tecnología?

Si nos quedamos observando a las personas que tienen un dispositivo móvil seremos testigos de que sus actividades se interrumpen constantemente para revisar las interacciones de dicho móvil.

No importa la edad del sujeto, ni en qué actividad se esté desempeñando pues este hecho se presenta en prácticamente cualquier contexto: en la casa en medio de la convivencia familiar, en la oficina o el banco (aún cuando estén prohibidos los aparatos); en el súper, en el auto, en fin, en cualquier sitio imaginable. Es común ver que alguien literal paraliza su actividad para dedicarle el tiempo al celular, pues sus rostros les delatan y cuando en vez de mandar textos hacen llamadas de viva voz, olvidan en dónde están y quienes les rodean para ventilar asuntos que debían de ser privados.

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El teléfono celular combinado con el potencial inaudito que tiene el internet y todas las aplicaciones que existen sin bien son algo grandioso, hoy se está constituyendo en un problema para algunos.

Sabemos que es un arma muy recurrente para realizar trámites que antes eran muy engorrosos, para utilizarlo como agenda que es casi secretaria porque te recuerda de todo, para realizar investigaciones que nos permiten salir de la ignorancia casi al instante con algunos clicks, lo usamos para comunicarnos en tiempo real y gratuitamente con personas que se encuentran lejos –y también muy cerca- , hay quienes incluso lo utilizan para reportar su vida diaria con las famosas redes sociales y éstos son apenas unos ejemplos de lo más aplicado.

La tecnología sabiéndola utilizar y en manos expertas son la mejor herramienta, pero se convierte en problema cuando su uso indiscriminado empieza a afectar nuestras actividades y ni qué decir cuando caen en manos de nuestros hijos sin ninguna supervisión.

Hemos ido hacia allá gradualmente y sin darnos cuenta… antes, los padres velábamos por el sueño de nuestros hijos vigilando que fueran a la cama temprano y durmieran las horas precisas, hoy muchos nos hemos relajado permitiendo aparatos en sus cuartos que les roban algo más que el sueño.

Podemos decir que una gran mayoría de personas –no sólo adultos- sino entre ellos jóvenes y niños vivimos sobre estimulados frente a la tecnología con la que convivimos a diario, casi al punto de convertirnos en sus rehenes.

Habría que estar atentos a lo que opinan especialistas en el tema, Investigadores de la Universidad de Bélgica y de la Universidad de Oxford afirman en base a sus estudios, que el celular, la computadora, los videojuegos y la televisión les roba horas de sueño a nuestros hijos, pues encontraron que una quinta parte de los niños duermen por noche entre dos y cinco horas menos que sus padres a su edad y la razón de ello es que hoy las diversiones son más estimulantes, ya los pequeños no se van a la cama a leer relajadamente sino que enfrentan una abundancia de alternativas antes de dormir, lo que les resta horas de descanso y sueño.

Sólo el 38% de los chicos entrevistados apagaron el celular durante las horas de sueño, el uso de este aparato en horas intempestivas es más frecuente de lo que podríamos imaginar, el envío de mensajes debajo de la colcha entre las doce y las tres de la mañana multiplica por cuatro el riesgo de rendir menos al día siguiente, aunque estos estudios se han llevado a cabo en Europa sus resultados seguramente hubieran sido similares o más impactantes en nuestro país.

Lo que les sucede a los chicos no exenta a los adultos, bien valdría la pena revisar si no se está volviendo un problema para nosotros estar en línea y disponible “24/7” como dicen los chavos.
Indiscutiblemente el auge tecnológico ha sido determinante y hemos presenciado como se ha revolucionado la medicina, la ciencia, la industria, el comercio, la educación, las comunicaciones, en fin, todos los campos de la vida diaria y confiamos que siga así para el bien común.

Es sólo que ante el riesgo de convertirnos en esclavos de los aparatos, vigilemos el uso que le damos -a nadie nos gusta ser rehenes- que no lo seamos de la tecnología.

Por: Ivette Laviada

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