La verdad torcida no es verdad

Vivimos un tiempo en el que predomina el relativismo, el subjetivismo en todo su esplendor y con mecanismos de legitimidad como lo es el consenso.

El consenso o bien el acuerdo entre dos o más personas en torno a un tema no implica consentimiento activo tan sólo una aceptación en el sentido de no-negación con lo cual no se ciñe a una realidad objetiva, es decir no considera aspectos fundamentales de la filosofía que pretende encontrar la verdad, sino que tan sólo basta que digan que si o que no para cualquier decisión, quedando excluidas las herramientas de que dispone una persona por medio de su inteligencia como lo lógica, el sentido común, etc.

El punto de partida de la filosofía es la experiencia, constatar las cosas mediante observación; el proceso posterior es la reflexión formulando una pregunta precisa ¿En qué consiste aquello que es necesario para que esto sea? Podemos decir que el fin es expresión de la esencia.

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Esto se traduce en que primero constatamos que una cosa es (existe) para luego determinar de acuerdo a su esencia una definición que la contenga.

Las definiciones nombradas de acuerdo a sus raíces etimológicas resultan muy precisas, ya que justo lo que hacen es destacar la esencia de las cosas, con lo cual no te equivocas y si tienes conocimiento de ellas puedes sin necesidad de un diccionario llegar a explicar algo de lo que nunca antes hubieras oído hablar.

Por el consenso de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) esto dejará de ser así.

A la definición de matrimonio de un plumazo, 4 ministros la vaciaron de contenido, así de golpe ¡Zaz, a la inteligencia de los mexicanos!…..bueno, sólo de aquellos que se han dejado engañar.

Los ministros de la Corte, con estudios académicos honorables, están dejando a sus Alma Máter muy mal parados…no son capaces de reconocer -lo que una cosa es y que no puede ser otra cosa pues dejaría de ser- .

Digan lo que digan, el matrimonio es entre un hombre y una mujer por su capacidad fecunda. Esta es la esencia del matrimonio, esto es lo que le hacer ser y no ser otra cosa. La etimología es clara y certera: matrimonium: matrem (matriz, madre) monium (oficio o condición de). La palabra se origina entonces porque se fundamenta en que la mujer tiene matriz, el órgano con que la mujer procrea y para lograrlo se necesita un varón que la fecunde.

Una vez teniendo clara la esencia, la definición puede ser adornada con muchas cosas que pueden ser compartidas con otras definiciones, pues su esencia es muy clara.

Se nos tilda de homofóbicos a quienes hemos dicho que el matrimonio no es la realidad que se ajusta a las parejas del mismo sexo. No es ser homofóbicos es solamente ser realistas y objetivos, es poner la capacidad de pensar al servicio del sentido común, es ver la verdad… evidente a los ojos de todos.

Siguiendo el análisis: si el matrimonio para serlo precisa la capacidad fecunda… pues entre dos hombres no la hay, entre dos mujeres tampoco. Estas parejas para ser fecundos necesitan de un tercero del sexo opuesto de modo que ya serían a lo mejor un matritrimonio, es decir ¡otra cosa!

Insultan los Ministros a nuestra inteligencia, pues aunque ya hayan decidido por consenso –es decir porque sí- que el matrimonio se puede celebrar entre personas del mismo sexo y que pueden los hijos tener más de un papá o más de una mamá en aras de lo que consideran como derechos humanos; pues acataremos la ley pero eso no cambia un ápice que lo creamos como si fuera verdad, finalmente la verdad si se tuerce es mentira.

Abrieron la caja de pandora, el inicio fue empezar a legislar “preferencias”, ahorita son sexuales y viene la avalancha de cuestiones que seguramente aprovecharan pederastas, zoofílicos, necrófilicos y cualquiera con parafilias similares.

Para la SCJN la pura preferencia sexual, ya está por encima del derecho a la libre expresión. ¿Qué sigue? ¿Considerar violatorio que una persona opine diferente?…al tiempo.

Por: Ivette Laviada

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