Las tres puertas

Cuenta una fábula que un chico pretendía decirle algo a un monje budista pero éste le atajó preguntándole si aquello que le quería decir ya había pasado por “las tres puertas”, el joven que no había escuchado semejante cosa le pide que le explique a que se refiere.

El monje entonces le dice que la primera puerta es la de la verdad; por lo que le pregunta si aquello que va a contarle le consta como absolutamente cierto. El joven le responde que no realmente pues lo había escuchado por otra persona.

Three doors

El monje le pregunta entonces si al menos dicho comentario pasaría por la segunda puerta que es la de la bondad. ¿Esto que tienes que decirme es bueno para alguien? De nuevo el muchacho le dice que no, que al contrario.

Bien, entonces veamos si pasa por la tercera puerta que es la de la necesidad. ¿Lo que tienes que decirme, es necesario que yo lo conozca? De nuevo le da una negativa.
Al final el monje concluye: si lo que tenías que decirme no te consta, no resulta benéfico ni necesario, es mejor que no lo repitas.

Esta pequeña fábula nos permite reflexionar el impacto de nuestros comentarios, pues es verdad que muchas veces hablamos por hablar, repetimos lo que escuchamos sin verificar la fuente de información, y peor aún, sin medir las consecuencias pues muchas veces se convierte en “teléfono descompuesto” en dónde cada quién le va poniendo de su cosecha.
Para algunas personas la palabra benedicencia no resulta común, ésta se refiere a hablar bien, no solamente a usar adecuadamente el lenguaje sino a que cuando digamos algo tratemos de que sea positivo. Dicho en forma coloquial “si al hablar, no has de agradar, te será mejor callar¨.

Recordamos para ello unos consejos que nos diera el Programa de Participación México Unido por los Valores.

¿Cuándo hablar? Si es ante la injusticia, se llama valentía; si es para rectificar, es un deber; si es para ayudar a otros, es caridad; si es para restituir la fama, es honradez.

Si lo hacemos de forma oportuna, es asertividad; si hablamos con sinceridad es rectitud; si es para defender, es compasión; si disipamos falsedades, es un deber de conciencia.
Si hablamos ante un dolor, consolamos.

¿Cuándo callar? Callar a tiempo, es prudencia; callar miserias humanas, es caridad; callar de sí mismo, es humildad y callar palabras inútiles, es virtud.

Callar cuando acusan es heroísmo; cuando insultan y hieren es amor y cuando se trata de las propias penas es sacrificio.

Porque hablar de defectos es lastimar; hablar de chismes es estupidez; hablar por hablar es tontería y hablar de si mismo en exceso es vanidad. En cambio callar defectos ajenos es benevolencia.

No se trata de hacernos ojos de hormiga ante faltas claras de honestidad so pretexto de no hablar mal, pues para corregir podemos hacerlo fraternalmente, en privado y directamente con la persona afectada.

Se trata de que podamos ver lo bueno que hay en todas las personas antes que resaltar lo malo, y si no encontramos nada bueno que decir, es mejor reservarse la opinión.

Las murmuraciones tienen efectos injustos sobre la vida de los demás, pues provocan inquietud, soberbia y menosprecio, atacan y acaban con la buena fama del otro.

Tengamos nuestras tres puertas bien presentes: la verdad, la bondad y la necesidad y seguramente no tendremos mucho de qué arrepentirnos al hablar.

Compartir esto.

Share

Tags :