Formar Familia ¿un dilema?

Desde hace algunos años ha ido permeando en los Estados Unidos una cultura que afecta a ciertas parejas, quienes han decidido no postergar ser padres sino renunciar a esta posibilidad deliberadamente. La primera vez que escuchamos de las parejas “DINK” (por sus siglas: Double Income, No Kids) es decir doble ingreso sin hijos, fue hace más de 10 años.

Cuando alguien se propone hacer un cambio de paradigma, generalmente lo logra si encuentra aliados para ello, el efecto de que más parejas hayan optado por rechazar la maternidad y la paternidad en este contexto responde a un deseo de consumo material y a garantizar que “no les falte nada” y las estadísticas corroboran el efecto de dicho cambio, pues la tasa de nacimientos continúa descendiendo en Estados Unidos.

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La revista Time (ago 2013) dedicó un reportaje a este tema bajo el título “Tenerlo todo menos niños” (Having it all without having children) y entre algunos datos cita los resultados que encuentra la agencia de encuestas Pew Reserch, en donde una de cada cinco mujeres vive sus años fértiles sin concebir, comparado con los años 70s en los que esta proporción se daba en una de cada diez.

Otro dato interesante es que tradicionalmente las mujeres de los llamados grupos raciales y étnicos (mujeres de color y latinas) no formaban parte de esta lista sin embargo a la vuelta de los años también éstas se suman entre aquellas que ya no quieren concebir.

Según los últimos datos disponibles en Estados Unidos la tasa de natalidad (número de nacimientos por cada cien mil habitantes) es de 12.50 cuando en los años 60s era de 23.70. En México hoy tenemos un índice de natalidad de 18.41 cuando en los 60s era de 45.74.

Nuestra cultura usualmente ha considerado la maternidad y la paternidad como un don y un orgullo, pero las cifras revelan que también esto está cambiando pues nuestro índice de fecundidad ha bajado hasta 2.19 cuando en los años 60s era de 6.78; por el contrario en el vecino país del norte esta cifra es hoy de 1.87 cuando en los 60s era de 3.65 hijos por mujer.

Sabemos que en muchos países se enfrentan crisis económicas, nuestro país no ha sido la excepción y es comprensible que muchas parejas retrasen formar una familia, sin embargo ello se está volviendo una amenaza para garantizar una pirámide de población estable que en estos momentos es de 2.1 hijos por mujer.

Algunas personas se han dejado seducir por las campañas consumistas que alientan a tener y comprar lo que ofrece el mercado, las prioridades de muchas mujeres empiezan a cambiar para anteponer la vida profesional y personal a la maternidad – por supuesto que todas las personas tienen derecho a mejorar su situación-, empezando por el acceso a la educación lo que implica que también deseen desarrollarse en el campo en el que se han profesionalizado y ello es muy válido.

Lo que sucede es que al no haber políticas públicas suficientes que favorezcan a las mujeres que quieren ser madres, van postergando la maternidad por no dejar el trabajo y muchas veces cuando se dan cuenta ya es demasiado tarde, con todo y los avances de la medicina.

Urge implementar políticas que ayuden a las parejas que le apuestan a su familia: más guarderías, escuelas de tiempo completo, horarios flexibles para padres y madres y mejores salarios por mencionar algunos ejemplos.

Formar una familia no debería suponer un dilema, no es un problema menor, pero como país debemos revertir esta tendencia, sino pronto nos veremos en serios problemas como Europa que ya vive el “invierno demográfico”, estamos en la raya y debemos trabajar para recuperar la tasa de reemplazo pero ello sólo será posible si logramos mejorar las condiciones para que a una pareja no se le dificulte formar una familia en el más amplio sentido de la palabra.

Por: Ivette Laviada

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