Cada 25 de noviembre recordamos que las mujeres han sido –y siguen siendo- víctimas de violencia y en esta fecha se hacen recuentos de los avances en la materia para prevenir que las mujeres y las niñas dejen de sufrir por cualquiera de las expresiones que les vulneran sus derechos.

Sin embargo,  vemos con alarma que lejos de erradicar la violencia contra ellas, aparecen nuevas formas de explotación enmascaradas con “actos bondadosos” como lo es permitir que otras parejas se puedan convertir en padres, nos referimos a la subrogación de vientres.

Vientres de alquiler

Muchas personas no se han detenido a pensar cómo opera este gran negocio y todas las implicaciones éticas que se desprenden de su ejercicio.  Para visualizarlo podemos decir que tan sólo en la India este mercado alcanzó la cifra de 2 mil millones de dólares anuales.

Poniendo en contexto el tema diremos que en 1976 se acuña el término maternidad subrogada, siendo éste un acuerdo altruista, de ahí que muchas personas lo sigan considerando como un bien para otro; sin embargo en 1980 se conoce el primer caso documentado en el cual se rentó un vientre a cambio –claro- de una compensación económica, digamos que se origina este gran negocio para lo cual son indispensables algunos ingredientes: una pareja solicitante, una clínica en dónde se lleve a cabo el procedimiento y una mujer dispuesta a gestar;  aunque también pueden surgir otros participantes como es un abogado que le dé formalidad al contrato, y en otros casos un hombre y una mujer que den sus gametos para poder engendrar “por encargo”  este nuevo ser.

Se visto que los dos componentes que han logrado que la explotación avance son mujeres en países en vías de desarrollo con grandes necesidades y países que no cuentan con legislación expresa en el tema o bien que lo permiten abiertamente porque sólo así se entiende que estén proliferando despachos de abogados, clínicas trasnacionales y por supuesto solicitantes con grande poder adquisitivo que hacen realidad la explotación de mujeres con fines reproductivos.

En el mundo se han conocido unos casos que han indignado a la comunidad mundial, tal es el caso de Baby M (USA 1986), de Baby Grammy (Tailandia 2013),  de Mitsutoki Shigeta (Tailandia 2014), el del Terremoto de Nepal (2015) y el Victoria Man (Australia 2016); aunque claro casos como tales deben de existir muchísimos más alrededor del mundo y que aún no se han conocido globalmente.

Hablar de cada caso merecería una página para cada uno, pero resumiendo muy brevemente diremos que las implicaciones éticas que han surgido son: cuando la madre que rentó el vientre se quiere quedar con el bebé; cuando del encargo de un bebé resultan dos y uno de ellos con alguna discapacidad; cuando alguien encarga al mismo tiempo 16 bebés en 16 mujeres; cuando se han abandonado a las mujeres gestantes sin ninguna garantía; o bien cuando existe abuso sexual en bebés desde los 20 días de nacidos.

¿Qué es lo que ha indignado tanto? Lo primero es que se está tratando a la vida humana como si fuera un producto mercantil, a las mujeres gestantes como esclavas de la nueva era y a los bebés como si fueran pie de cría a los que se les vende si son de la mejor calidad.

Adicionalmente indigna que los fines de los solicitantes no sean únicamente formar una familia como muchas veces se cree, sino que hay casos de tráfico de órganos y de abuso sexual.

¿Es ético formar una familia bajo esta figura? No puede serlo si en el proceso hay varias cosas que no están bien.

A las mujeres se les trata como esclavas, no pueden ni ver a su familia hasta que entregan “el producto a la entera satisfacción del cliente”, y si “el producto se pierde” no hay compensación económica para la chica, pero aún hay más porque en la mayoría de los casos ella firma que se sometería a 3 intentos y por supuesto el máximo beneficio económico no es para ellas, sino para los tramitadores.

Literalmente se les explota con fines reproductivos y lastimosamente esto lo tenemos ya en México, pues Tabasco ha aprobado la subrogación de vientres y Sinaloa también con algunas excepciones.

Ya seguiremos hablando de esto la próxima semana.

Por: Ivette Laviada