Cuando un hombre y una mujer deciden contraer matrimonio, el amor logra que sea para toda la vida, si no fuera así, se estaría negando la naturaleza propia del amor.

El amor no es un sentimiento que pasa o caduca, amar es una decisión que se toma cada día y en el matrimonio todos los días renovamos la promesa hecha el día de la boda con el -sí quiero-.

Una persona no se casa con otra estableciendo en el contrato un cierto límite o tiempo de expiración, sino que desea que dure para siempre, cuando un matrimonio se rompe, la mayoría de las veces obedece a que no lograron encontrar la fórmula que permite mantenerlos unidos en el amor, pues esta intimidad conyugal se va fraguando con el tiempo.

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El amor es lo que determina todo y nos da la fortaleza para afrontar juntos cualquier problema o situación por difícil que ésta sea.

Hay que tener presentes las diferencias objetivas entre hombre y mujer para poder enriquecernos con éstas, somos diferentes pero a la vez complementarios.

No debe faltar la generosidad, pues ésta permite ceder por amor, no es negarse sino intuir cuando mi esposo o esposa me necesita, dándoles a nuestros hijos su justo valor y lugar, pues la pareja debe ocupar el puesto más importante.   .

Hay que conocerse muy bien y con esta disposición conocer a fondo al otro, con respeto, amor y libertad podremos siempre decir de frente lo que nos gusta o puede lastimarnos, la falta de comunicación a menudo en la pareja es el ataúd de la relación.

¡Fuera prejuicios en el amor conyugal!, el verdadero amor se expresa con alma y cuerpo, con apertura a la vida que lo convierte en sagrado. Debemos considerar que el acto sexual es más espiritual que físico, el primero es duradero el segundo es efímero. La unión conyugal es la más bella expresión del amor, en dónde hombre y mujer cruzan una mirada y entrelazan no solo sus cuerpos sino todo su ser que permite tender lazos profundos que ayudan a sostenerlo.

Cuidar el pudor, es una virtud fundamental en la intimidad. Nuestra intimidad no debe ser del dominio público, pues ésta se desvanece convirtiéndonos en un cuerpo sin alma.

La ternura es la clave en el encuentro de dos personas, se construye un diálogo facial en donde cara, ojos y boca comunican sentimientos y emociones.

La relación debe crecer en intensidad e interioridad conforme el matrimonio cumple años, debe ser una relación sólida y estrecha que no admita que otros puedan entrometerse.

En el matrimonio hay que darnos tiempo para ir madurando, hay que vivir cada etapa y en las etapas siempre hay un antes, durante y después. No tratemos de brincárnoslas.

Al matrimonio hay que alimentarlo bien para que no muera de inanición, la pasión será la sal que evitará que nuestro matrimonio sea insípido. La pasión se imprime en cada acto que realicemos lleno de amor, con ganas de satisfacer, con ganas de darse, con una buena actitud.

Aprendamos de las parejas que dan testimonio de 40, 50, 60 años de casados;  lo logran aquellas que han amado y perdonado sin límites, aquellas donde la comunicación ha sido constante, dónde la honestidad y el respeto mutuo están presentes, donde comparten tiempo y ríen juntos y dónde demuestran su fidelidad y amor a Dios.

Es un reto hoy ante la pretensión social de banalizar el matrimonio equiparándolo a cualquier clase de relación en dónde el amor está ausente.

El amor es para siempre cuando se convierte en un ejercicio de nuestra voluntad.

Será fecundo cuando en libertad decidimos amar totalmente a la persona para serle fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad y todos los días de nuestra vida.

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