La defensa del auténtico matrimonio

La defensa del auténtico matrimonio no es para perpetuar una tradición religiosa en particular. Por el contrario, la defensa del matrimonio entre el varón y la mujer, obedece a razones que todos debemos comprender, independientemente de compartir, o no, una visión religiosa.

Todos estamos de acuerdo en que, el Estado, debe mantenerse fuera de la vida privada de sus ciudadanos; y el Derecho de Familia, que regula el matrimonio y las relaciones familiares, se mueve en la ligera frontera que limita la acción del Estado de la vida privada de nosotros, los ciudadanos.

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Por eso, la teoría del derecho justifica la regulación y definición del matrimonio (que, finalmente, es un aspecto de nuestra vida privada), en ciertas realidades extra-jurídicas; es decir, en realidades que están fuera del alcance de la ley y de la voluntad del legislador. Esa realidad es la complementariedad sexual y biológica entre el varón y la mujer que hace posible la existencia misma de la familia.

De ahí que el matrimonio encuentre, en el plano teórico-jurídico, su justificación última en la posibilidad que tienen el varón y la mujer, y solo ellos, de fundar una familia. No se trata, pues, de “proteger el amor heterosexual”, ni de “excluir otras formas de amor”; se trata de reconocer una realidad patente y protegerla por su enorme trascendencia para la estabilidad de la sociedad.

En cambio, si se dice que lo que en realidad importa en el matrimonio es “el amor” (sea heterosexual u homosexual), se abandona la justificación que limitaba la acción del Estado en la vida privada de los ciudadanos. En adelante, esos límites se borran y el Estado asume un papel de director de las conciencias y del sentido último de la dimensión sexual del ser humano; ya ningún padre será libre para transmitir a sus hijos su cosmovisión sobre la sexualidad, pues ese papel lo ha ocupado el Estado, desde el momento en que asumió la tarea de “proteger el amor” (una particular visión antropológica del amor).

¿Es delicado? No solo delicado, es peligroso. Es cierto que, aparentemente, no es un tema de relevancia económica, y quizás por eso no está en el debate público más que esporádicamente (y siempre mal planteado y peor defendido). Además, no parece quitar el sueño a los ciudadanos que emitirán su voto en las próximas elecciones. Pero es un tema MUY vigente, de suma trascendencia para el futuro de la sociedad y para la libertad de conciencia de TODOS.

Finalmente, contrario a lo que afirma la propaganda del activismo LGBT y de género, el “matrimonio gay” no es una victoria de la diversidad ni de la diferencia. Lo diverso y diferente, es eso de lo que yo no puedo disponer, precisamente porque es diferente a mí; es eso a lo cual reconozco su individualidad y vocación, al mismo tiempo que me permite reconocer mi propia individualidad y vocación.

No hay mayor enemigo de la auténtica diferencia, que la agenda de género; esta ha hecho creer al ser humano que todo está disponible y que todas las diferencias se pueden someter. Ha hecho creer al hombre que la identidad sexual está disponible, que la paternidad y la maternidad son productos culturales e intercambiables, que cualquiera puede elegir qué ser, incluso ontológicamente.

Eso no es respeto a la diversidad, es precisamente lo contrario: aplastar lo diverso y diferente para someterlo a la voluntad de la ideología, lo que no se puede lograr sino uniformando las conciencias.

¡Alerta, México! Necesitamos ciudadanos críticos y activos, que asuman sus responsabilidades.

Autor: Unión por la Familia

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