Cuenta un cuento

Aurora Alvarez de Vega

 

       Cuenta un cuento del psicologo Argentino Jorge Bucay “ Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enrome bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…”

       Asi vivimos a veces nuestra vida con miedos ajenos, heredados de nuestra educación, sin atrevernos a hacer lo que realmente queremos por que creemos que no podemos. Y esta creencia es tan poderosa que nos convence ,nos ata de tal manera que ni siquiera lo intentamos y así vamos por la vida si hacer cosas maravillosas por que creemos que no podemos.

       Quitémonos hoy el peso de la estaca de lo preconcebido, debemos atrevernos  a hacer aquello con lo que siempre soñamos, todos podemos alcanzar nuestros sueños si no dejamos de intentarlo, si no nos damos por vencidos. Si no aceptamos las estacas ajenas que quieren encadenarnos a lo cotidiano a lo socialmente aceptable.

       Hoy podemos comenzar de nuevo, cerrar nuestros ojos y recordar nuestros sueños de la infancia, de la adolescencia, del adulto que somos que casi no se atreve a soñar. Todos esos sueños están en nuestras manos,  Esta vida es demasiado corta, el hoy se desvanece rápidamente y debemos aprovecharlo, debemos vivir el ahora, el momento y saber que los limites los ponemos nosotros mismos y solo estén en nuestra mente, con entusiasmo, con perseverancia todo es posible si nos atrevemos a intentarlo.

 

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